Y tú entraste en
mi vida, como lo hacen los huracanes, como lo hacen los grandes cambios, de
sopetón y sin llamar a la puerta.
No creía por
aquel entonces que este viejo corazón pudiera latir de nuevo, pues apenas había
sido capaz de juntar los pedazos en los que se había roto.
No olvidaré esa
sonrisa que me cautivó al verla, ni ese brillo en tus ojos que me dejó sin
respiración.
Desde que empezó
esta cuarentena, lejos de tu abrazo, rememoro esos momentos iniciales y todos
los que vinieron después. La primera vez que tomé tu mano, que te besé, que
acaricié tu piel por debajo de las fronteras del pudor.
Ahora siento ese
tiempo que no nos dedicamos, esos momentos pospuestos porque decíamos que ya
habría otro instante más adecuado para llevarlos a cabo.
La vida me está
queriendo enseñar algo precioso, y es que, cualquier tiempo a tu lado es un
regalo para mí. Recordar tu presencia hace que todo valga la pena, aunque sea
por volver a estar contigo una sola vez más.
No sé donde nos llevará
todo esto, ni en qué momento podré reencontrarme en persona contigo. Pero lo
que tengo claro es que he escuchado a mi corazón y solamente es capaz de
pronunciar tu nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario