viernes, 22 de enero de 2021

Cíborg 2.0 (Parte II)

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Unos días después, mientras David está calentando antes de un partido con sus amigos.

-          Oye David –le comenta Carlos-, he leído que tu ojo cibernético puede calcular la caída de objetos y su punto de destino, así como darte la trayectoria para lanzarlos.

-          Si –responde mientras sigue haciendo ejercicios de estiramientos-, viene con esas funciones para el trabajo y sirve de respuesta para poder recoger objetos que te lancen y cosas así de molonas.

-          Pero si juegas con eso, ¿no es hacer trampas? O sea, si puedes ver las trayectorias del balón y todo eso.

-          Jajaja, no Carlos, en modo deporte esas funciones se quitan para jugar limpiamente. Por eso los deportistas con cibernética pueden jugar en igualdad, gracias a ese modo. Si no un partido sería injusto si se enfrentasen jugadores con cibernética contra otros que no.

-          Anda, pero ¿puedes elegir el modo?

-          Solo para deportes –comenta sonriente David-. El modo normal te ayuda a no sufrir daños o lesiones, pero cuando haces deporte se desconecta la visualización y se ajusta la fuerza que puedes emplear para adecuarse al resto de tu cuerpo. Si no tendría un brazo derecho que parecería como el de Alberto de tantas pajas que se hace.

-          Eeeehh –responde Alberto-, para una vez que no me meto con vosotros me llevo la collejita.

-          Pero –cizaña Carlos-, si sabes más de porno que los dueños de pornhub.

Todos ríen mientras Alberto le enseña un dedo nada sutil a Carlos.

 

Cuando acaban el partido, se duchan y se van a tomar algo a un barestation cercano.

-          Nos pones cuatro cervodkas y unas tapas –pide Alberto a la camarera-.

-          Joder David –dice Carlos-, pero ¿tú no estás cansado?

-          Ventaja de tener un pulmón más efectivo –responde mientras se señala el costado derecho-.

-          El próximo al que atropellen que sea a mí para mejorar los pequeños fallos que tengo –salta Pedro-.

-          Pues tendrían que cambiarte todo el cuerpo –inquiere Alberto-, porque no hay nada salvable en ti.

Todos se echan a reír.

-          Mi mejor parte –añade Pedro después de las risas- es mi cerebro, que es una joya.

-          Si –esta vez apuntilla David-, porque lo tienes nuevo de no usarlo.

Todos sueltan una carcajada.

-          Oye –susurra Carlos al oído de David-, espero que no te moleste tanta pregunta sobre tú… situación.

-          No te preocupes Carlos, de veras. Entiendo que es algo extraño para vosotros, lo fue para mí. Pero hablar de ello me ayuda a que yo también lo sienta parte de mi, como el resto de mi cuerpo.

-          Eres un crack David. Un brindis –grita Carlos-, por David, que pese a poder hacer trampas al jugar, sigue perdiendo como siempre.

Todos se ríen.

-          Eh –grita David-, que en mi equipo había más gente.

-          Y todos tan torpes como tú –remata Alberto-.

Todos vuelven a reír. Y continúan con el postpartido mientras beben y bromean.

Cuando por fin se separan para ir a casa, todos se despiden con abrazos y puyitas entre ellos.

 

David se encamina a su casa. Enciende sus voxinternum y se pone a escuchar música, mientras recorre andando el camino de vuelta a su piso.

Después del accidente empezó a andar más y a disfrutar de estos paseos. Ver el paisaje, la gente, oír la música al compás que iba tranquilamente, sin prisa, sin agobios. Lo cierto es que la vida era maravillosa.

Muchas veces piensa que no solo salvo la vida de aquel niño ese día, sino, que en cierta forma, también salvo la suya propia, pues ahora aprecia muchas cosas que antes daba por hecho.

Antes pensaba en el dinero, tener cosas caras, ahorrar para viajes superexóticos. Y después del accidente, aprendió que lo que más quería hacer era abrazar a su familia, charlar distendidamente con sus amigos y jugar, jugar al B3P. Eran las cosas sencillas las que realmente le colmaban de felicidad.

Según iba andando un fuerte estruendo le saca de sus pensamientos. A unos cuarenta metros ve que una cornisa que está en obras, está a punto de desprenderse. La gente debajo empieza a retirarse rápidamente de la zona. Pero a una chica se la queda atrapado el pie por uno de los primeros cascotes y se cae al suelo.

 

5,450 seg

Sin dudarlo ni un segundo David sale corriendo, su ojo ya le está indicando que la cornisa impactara contra el suelo en 5,45 segundos. Se esfuerza en llegar lo más rápido que puede.

5,000 seg

Su ojo vuelve a mostrarle que su tiempo de llegada a la chica será 0.957 segundos antes de que impacte la cornisa.

4,500 seg

Entonces todo su cuerpo deja de correr y comienza a pararse.

4,000 seg

No entiende que pasa. Lo primero que piensa es que algo se ha averiado dentro de él. Y entonces aparece en la pantalla.

 

3,500 seg

45% de probabilidades de salvar ilesa a la mujer.

78,2% de probabilidades de sufrir heridas mortales.

Autopreservación, no intervenir, riesgo no aceptable.

3,000 seg

No se lo puede creer, su parte maquina no le deja ayudar por ser demasiado arriesgado.

2,000 seg

Ve como la cornisa se desprende totalmente y se precipita. Baja la mirada y ve a la chica que lucha por conseguir sacar su pie del atrapamiento.

1,000 seg

No puede apartar la vista de ella. La ve luchar por salir de ese horroroso final.

Siente un profundo desasosiego al no poder hacer nada mientras todo pasa.

0,000 seg

Mientras todo el mundo aparta la mirada, David quiere grabar en su memoria todo lo que sucede, como el cuerpo de la muchacha recibe el impacto de la cornisa y sus órganos y fluidos internos son aplastados y esparcidos por el suelo.

Sabe que esa imagen le acompañara en sus pesadillas, pero es la penitencia por no haberla salvado.

 

Llega a casa, desconsolado, se sienta en silencio y mira su mano robótica. Por primera vez piensa en que si que perdió algo en aquel accidente, su libre albedrío.

viernes, 15 de enero de 2021

Cíborg 2.0 (Parte I)

Un edificio de cristal, en mitad de una zona verde, se alza dentro de la gran ciudad anteriormente conocida como Valladolid. En 2078 se la conoce como la 

Urbe Nue-VA11 19 00 116

Un cartel en la puerta anuncia al visitante que entra en el Centro Social de Integración 33 19.

Subimos hasta la 15ª planta, donde se está produciendo una reunión. Todas las personas se encuentran sentadas formando un circulo y aparte de las sillas, comparten algo más en común, todas tienen implantes cibernéticos en su cuerpo, en mayor o menor medida.

-          Hola, me llamo David 630943.

Comienza a relatar como fue el accidente que hace 1 año lo mando al hospital.

 

Era una tarde que se dirigía a jugar al balonppp (o B3P), cuando al llegar al otro lado de un paso de cebra escucho a una madre gritar.

Se giro y vio como un niño de unos cuatro años estaba cruzando la carretera tras su pelotita con el semáforo en rojo para los peatones. Un camión se aproximaba veloz a su posición y por la altura del niño, su radar antitranseúntes no lo había detectado.

Sin pensarlo dos veces fue corriendo a socorrer al niño antes de que lo arroyase.

Llego a tiempo de apartarlo de la trayectoria del vehículo, pero él no tuvo tanta suerte.

Luego le contaron que gracias al sistema de radar del camión autopilotado, freno algo antes de golpearlo, sino, habría muerto al instante.

Pero, en ese momento, no se consideraba afortunado. El impacto le había destrozado todo el costado derecho, machacando y pulverizando casi todos los huesos de su pierna y brazo, llegando a romper su cadera y su hombro derecho.

Y eso era solo lo agradable. Sus costillas al romperse le perforaron el pulmón. Los médicos comentaban que si hubiera sido del lado izquierdo, sus propios huesos se habrían clavado en el corazón.

Quizá esto pareciese suficiente, más aún había una última cosa. Su cabeza. Parcialmente aplastada, parte de su cerebro quedo dañado y su cráneo deformado.

Mientras narra esto, varios de los oyentes no pueden contener las lagrimas, muchos solo han sufrido una pequeña parte de ese dolor y no pueden ni imaginar lo que podría haber sido eso.


Pero David sigue con su historia con una sonrisa en la cara.

Cuenta que le dijeron a su familia, que los dolores, que los daños, no eran algo que el cuerpo humano pudiera soportar. Si querían que sobreviviese, tenían que implantarle casi medio cuerpo cibernético.

Se para durante un momento para señalar los diversos implantes que tiene. Y empieza a enumerarlos.

-          Brazo, pierna, mano y pie, aleación de fibra de Carbono60 y titanio con fibraeslastina. Junto a un hombro y una cadera de polímero de tiedamina, me permiten volver a tener la misma movilidad, y algo más de fuerza (dice mientras ríe).

-          Costillas derechas de polímero de tiedamina unidas con fibraeslastina y un pulmón inteligente de gelestancia reductante, que hasta puedo aguantar la respiración tres minutos y me filtra la mitad del aire que inhalo, impidiendo que mi cuerpo se coma mas polución.

-          Riñón derecho sintético y con mí firma genética, que procesa más rápido la sangre, dejando a mí riñón de fabrica la mitad de carga que cuando tenía ambos.

-          Y por último, la azotea. Microhalo de titanio y mitad del cráneo del mismo elemento para dar solidez a mi maltrecha cabeza. Dentro, por supuesto, dos terceras partes de mi cerebro ahora son un ordenador cuántico de serie 7. Por suerte lograron salvar los conocimientos almacenados antes de que parte de mi cerebro muriese y me fue más fácil recuperar mi vida. Con un ojo de óptica WalterPP7 con funciones de control holográfico y respuesta de 0,0001 milisegundos.


Continua con su historia, comentando que tardaron casi tres meses de operaciones y de tenerlo en estado de coma la mayor parte de ese tiempo. Comentaron sus médicos que de otra forma, el dolor podría haber hecho que entrara en shock su cuerpo y acabará muriendo.

-          Realmente (se para un momento a beber agua), doy gracias porque apenas tengo vagos recuerdos de ese tiempo. Aunque lo siento por mi familia, que no podía comunicarse conmigo.

Narra cómo lo más duro, fue el despertar, tener todo eso artificial y no entender esa sensación de frío.

-          Al fin y al cabo, el tacto de piel, la suavidad, el calor, es todo artificial, tú cerebro sabe que algo falta ahí, aunque al mirar parezca que no.

Le contaron los médicos que tenía que acostumbrarse a esas sensaciones, que era como cuando uno se quema y pierde la sensibilidad en esa zona. Pero luego el tejido se regenera y vuelve a sentir poco a poco otra vez.

Solo que este caso es diferente, las sensaciones no son iguales y es algo que tendría que ir asumiendo y acostumbrándose.

-          Por ejemplo el ojo. Puedo ver mensajes directamente en mi ojo, como si tuviera la pantalla receptiva que lleváis vosotros, pero por dentro.

Cuenta varias anécdotas de cómo volvió a su día a día de nuevo y como ha mejorado su calidad de vida, pues ahora puede hacer cosas mejor que antes.

-          David -interrumpe la que lleva la reunión-, ¿entonces tú te sientes mejor?

-          Sí, lo cierto es que sí.

-          ¿Pero no es una puta mierda ser mitad maquina? -Inquiere un hombre con una pierna cibernética- ¿No te hace sentir como que ya no eres tú mismo?

-          Te puedo decir que salve la vida de un niño. Y en circunstancias normales habría pagado con mi vida ese gesto. Y, en cambio, gracias a la ciencia, hoy estoy aquí entre vosotros. Puedo trabajar de nuevo, puedo volver a jugar a B3P y la verdad, es que todavía ni me lo puedo creer.

-          Muchas gracias David por tu testimonio –dice la que lleva la reunión-. Un fuerte aplauso para él por compartir su historia y por enseñarnos que tener partes artificiales no te hace dejar de ser quien eras antes.

Todos se ponen a aplaudir.


Cuando acaban los aplausos, cierran la sesión de hoy, invitando a todos a que vuelvan el siguiente día y que vean en el día a día como sus partes cibernéticas les ayudan a mantener sus vidas.

Poco a poco se van despidiendo unos de otros. Algunos se marchan en silencio pensando, quizá en el atisbo de luz que ha supuesto la historia de David.

Otros en cambio prefieren acercarse a él y hablar un rato con un hombre que pese a ser más maquina que persona, se nota una calidez en sus palabras y en sus actos, que de no saber su historia, pensarías que es un hombre corriente.

 

Finalmente algunos deciden irse a un bar a tomar algo y ver el partido de B3P que enfrenta al equipo de la ciudad contra uno de sus rivales por el título.