viernes, 12 de febrero de 2021

El roce de tu piel (Parte II)

No sé en qué momento, pero pagamos la cuenta y salimos del restaurante. Damos una vuelta por la ciudad, parando muchas veces a desatar esa pasión que se siente cuando el destino te pone a la persona deseada en tu camino.

Entre risas, besos y distintas conversaciones, surge una duda. Eva me pregunta cual es una de mis partes preferidas de los libros que he leído. No sé si inspirado por el momento, o simplemente por la casualidad, le recito una de las que salen en “Reflexiones del autor a través de la historia”:

-          Busco a alguien que aprecie mi poesía, mi cercanía, mi fragancia, mi ironía. Alguien que se despierte cada día y que me diga esta boca es mía.
Sin farándulas ni adornos, sin tormentos y con porno.
Quizá que el viento me arrastre y yo a ella también, a la cama o al fin del mundo, da igual donde caer…


Un beso lleno de pasión detiene mi recital. Cuando para, me mira, se muerde un poco el labio y me agarra de la mano para arrastrarme a seguirla.

Sin saber a dónde vamos, solo me dejo llevar. Me pongo a su altura, la agarro de la cintura y andamos, esta vez, con cierta prisa.

Finalmente llegamos a un portal, Eva se para delante y saca unas llaves del bolso. Abre la puerta y como leyendo mi cara de duda, me arrastra dentro.

Subimos las escaleras y tras abrir la puerta, entramos en su apartamento.

La agarro de la cintura y nos comenzamos a besar lentamente. La abrazo y la pego más a mí. Así de cerca nos vamos hacía su habitación. Los zapatos se quedan por el camino.

Antes de entrar mi mano baja hasta su culo y la otra mano sube a su cuello mientras continuo besándola y jugando con su lengua. Su boca se mueve a morderme la oreja, mientras me susurra que pensaba que no quería tocarla y su mano va a tocar también mi trasero.

Me quito la camiseta según entramos en la habitación. Eva se para un momento, admira mi pecho y pone sus manos sobre él, recorre mi torso y se detiene en mis abdominales. Levanta la mirada, y sus ojos se clavan en los míos, se vuelve a morder el labio y la pregunto si quiere que sigamos. Solamente mueve su cabeza asintiendo.

Volvemos a besarnos, vuelvo a agarrar su cintura y la pego a mí. Mi boca empieza a besarla cerca de los labios, va hasta su oreja y baja por su cuello, chupándolo y lamiéndolo. Unos suaves “ummm” me confirman que voy por el buen camino.

Llego a sus hombros desnudos y sigo recorriéndolos con mi boca y mi lengua. Desciendo hasta su escote y vuelvo a subir por su cuello hasta encontrar otra vez sus labios.

Mi mano sigue manteniendo su cintura pegada a la mía  para que note como algo va creciendo a la altura de mi pelvis. La otra mano comienza a pasar por encima de su vestido, notando el sujetador que aprisiona sus pechos.

Sus manos buscan la cremallera de su vestido, así que las mías van a ayudarlas. Encuentro el principio y comienzo a bajar suavemente la cremallera. Ella decide usar sus manos en bajar otra cremallera y soltar el botón de mi cintura.

Ambos dejamos que caiga la ropa. Aprovecho ese momento para admirar su cuerpo, un sujetador sin tirantes aun oculta sus pechos, un tanga brasileño realza su culo y un tatuaje en el lado izquierdo, justo por encima de su cintura es lo único que cubre su piel ahora mismo.

Nos juntamos, piel contra piel. La rodeo con mi brazo, a la vez que mi otra mano busca en su espalda el cierre del sujetador y se dispone a abrirlo. Nuestras lenguas juegan, a la vez que sus manos recorren mi espalda.

La penúltima prenda cae de su cuerpo, librando por fin sus tetas. Sin esperar, la mano que las libero se mueve hacia delante, y desde abajo comienza a acariciarlas suavemente. Mi boca desciende por el cuello, besando, chupando, lamiendo. Y continúa bajando hasta llegar al canalillo.

Entre sus senos, mi lengua comienza a trazar el contorno de su pecho. Luego llega mi boca para besar otra vez el mismo recorrido, subiendo poco a poco y cerrando el círculo entorno a su pezón.

Mi mano sigue en el otro pecho, acariciándolo suave, pero sin llegar a su pezón. Mi otra mano baja a su cachete y tras acariciarlo lo aprieta acercando nuevamente su cuerpo a mí.

Por fin mi boca llega a su pezón, besándolo, lamiéndolo, chupándolo, mientras noto como causa efecto, endureciéndose por las atenciones prestadas. Su boca muerde mi cuello y cuando está totalmente duro el pezón, subo hasta sus labios y vuelvo a bajar al otro pecho para repetir los movimientos.

Tras acabar de excitar sus pechos, Eva se retira de mí y se acuesta en la cama. Me llama con las manos y abre las piernas para recibirme. Subo a la cama y me pongo encima suyo. Comienzo a besarla suavemente, noto el calor de su cuerpo, su excitación.

Desciendo otra vez hacía sus tetas. Me deleito en cada centímetro de su piel que lamo según voy bajando hacia su pecho. Apoyo una mano en su cadera y en mi otro brazo apoyo el peso de mi cuerpo.

Tras jugar con sus pezones y mantenerlos duros a base de lametones y chupándolos suavemente, continuo mi camino hacia el sur de su cuerpo.

Me entretengo en su vientre, acercándome poco a poco a sus caderas y volviendo a subir, para luego bajar otro poco más, hasta llegar al límite que pone su ropa interior.

Uso mi lengua para bajar un poco la goma del tanga y entrar en su monte de Venus. Eva comienza a mover las caderas, intentando ayudar a que mi lengua pueda bajar más.

Sin previo aviso, levanto la cabeza y bajo hasta su rodilla. Comienzo a besarla mientras asciendo por su pierna. Al llegar casi a la ingle paso a la otra rodilla y vuelvo a subir nuevamente. En el siguiente salto comienzo a besar por el interior del muslo y cuando estoy cerca de su entrepierna, paso al otro muslo. Ascendiendo con mis besos, cuando voy a llegar a su sexo aún tapado, vuelvo a bajar.

Nuevamente en su rodilla, asciendo por el interior de su muslo lamiendo todo el recorrido hasta llegar al punto donde su pierna pierde su púdico nombre. Paso a la otra pierna y repito el camino con mi lengua. Tras un par de veces de recorrer así sus piernas, finalmente cuando estoy a punto de llegar a su tanga, Eva agarra mi cabeza y la aprieta contra su sexo.

Comienzo a besar suavemente la tela que representa la última frontera, haciéndolo cada vez más fuerte, notando como según presiono más, ella más intranquila esta. Tras un tiempo así, Eva se retira de golpe, dejando el hueco justo para quitarse el tanga y volver a atraparme entre sus piernas y mostrando por fin su sexo desnudo.

Me aproximo y comienzo a besar sus labios inferiores. Noto su humedad. Y en ese momento mi lengua decide explorar y toca suavemente su clítoris. Apenas una caricia, pero el cuerpo de Eva se mueve. Sigo besando y vuelve mi lengua a contactar con su clítoris, esta vez aguanto un rato más y con un poco mas de presión.

Después de repetirlo unas cuantas veces, mi lengua ya no se separa del clítoris, y lo lamo continuamente, arriba y abajo, intercambiando pasadas largas y lentas, con rápidas e intensas.

Eva agarra mi cabeza y mueve las caderas en un ritmo cada vez más rápido. Tras un rato, escucho su respiración entrecortada y sus movimientos se hacen más bruscos. Empieza a temblar y a gemir mientras está llegando al clímax. Me aplico todavía más con mi lengua, hasta que finalmente explota en un orgasmo.

Levanto la cabeza de entre sus piernas y veo su cuerpo sudoroso. Me mira fijamente y con sus manos me llama para que suba hacia ella. Pero mi respuesta es volver a meter mi cara entre sus muslos.

Esta vez mi lengua se dirige entre sus labios y se mete entre ellos hasta llegar a la entrada de su coño. Esta totalmente empapada y pruebo su sabor con cada lamida que hago.

Voy aumentando el ritmo de mi lengua, como si estuviera devorando un helado que se está derritiendo, moviéndola para no perder nada y llegar tan lejos como pueda. Mis manos agarran sus caderas.

Ella abre las piernas todo lo que puede, mientras mi cabeza sigue hundida entre medias. No sé ni cuánto tiempo llevo lamiéndola, moviendo mi lengua dentro de su coño, disfrutando de cómo lubrica y vuelve a moverse bruscamente. Los gemidos ya anuncian que se acerca otro orgasmo, sin parar el ritmo, y presionando sus caderas me esfuerzo en que vuelva a llegar al clímax.

Su respiración contenida, la tensión del cuerpo y los gritos de placer anuncian que ya llego a correrse.

Paro unos instantes y cuando parece que se relaja otra vez, introduzco un dedo en Eva, que por el gemido que da, no se lo esperaba. Mi lengua vuelve a lamer el clítoris a la vez que mi dedo comienza a entrar y salir de su humedad.

Ella no puede articular palabras, solo sonidos de placer. El dedo juguetea dentro de ella, y mi lengua sigue trabajando tal y como había hecho antes, solo que no es un helado lo que esta lamiendo con tantas ganas.

El reciente orgasmo la ha dejado tan excitada que al poco ya vuelve a estar cerca de correrse. El dedo entra un poco y sale, y luego un poco más y vuelve a salir, y luego todo lo que puede y vuelve a salir y entrar un poco solamente. Ese ritmo y la presión en su clítoris logran que vuelva a llegar al clímax, solo que esta vez más fuerte y ruidosamente.

Eva se recompone, yo levanto la cabeza sonriente. Cuando coge aire, se incorpora y me comienza a bajar los calzoncillos. Me incorporo un poco para quitármelos y vuelvo a colocarme entre sus piernas.

La beso nuevamente mientras noto sus piernas rodeándome y empujando mi culo para empiece a penetrarla.

Me aproximo a ella, sigo besándola, bajo la cintura hasta que nuestros sexos están a punto de tocarse. Y…

viernes, 5 de febrero de 2021

El roce de tu piel (Parte I)

Era una tarde otoñal, las hojas caían de los arboles, el viento soplaba  y empezaba a sentir el frio mientras estaba en la sombra. El sol aún aparecía tímidamente y los cálidos rayos se filtraban entre las nubes.

Pensé en que era un buen momento para entrar en un bar y tomar un descanso del paseo. Lo cierto es que me entro el momento goloso al pensar en la tarta que sirven en la cafetería que hace esquina en las calles peatonales del centro.

Estaba cerca, así que me encamine hacía allí con paso tranquilo, mientras escuchaba la música por los auriculares. En uno de esos azares del destino, comenzó a sonar “Siempre es de noche” de Alejandro Sanz y me recordó que podría seguir leyendo el libro con el que estaba mientras comía la tarta.

Entre y un soplo de aire caliente me devolvió a la realidad, desconecte los cascos y me dirigí a  la barra. La camarera (una de las que había tras el largo mostrador) me pregunto que deseaba, mi respuesta instantánea fue un cacao y mis ojos recorrieron rápidamente la fila de tartas que se hallaban frente a mí, sin saber que escoger, finalmente pregunte de que era la cobertura de la tarta de queso. Ella me dijo que de frutos rojos.

-          Dame de esa tarta –dijo una chica de pelo azul al otro extremo de la barra a la vez que yo-.

Ambos señalábamos el mismo pedazo, el último pedazo. Las camareras, viéndose en un apuro nos aclararon que realmente solo quedaba ese trozo de tarta de queso con frutos rojos.

-          Para ti –ambos nos copiamos nuevamente-.

-          No, cógelo tú –me indico ella-.

-          No te preocupes –sonreí-, estaba en duda entre esa y la Red Velvet y ahora está claro cual escoger.

Ella se mostro agradecida y cada uno cogimos nuestro pedido y nos fuimos a buscar un sitio vacío, ella se sentó en una mesa alta y yo fui a una mesa junto a la ventana.

Pronto me embarque en mi libro mientras tomaba la deliciosa tarta.


Tan absorto estaba leyendo que me sorprendió una voz femenina que me dijo suavemente:

-          Muchas gracias por cederme el trozo de tarta, estaba muy rico. Espero que el tuyo también lo estuviese.

-          Ah –aterrice en la realidad-, si, por supuesto, estaba muy rica. Y no tienes porque darme las gracias, ambas opciones me encantan.

-          Veo –dijo mientras se inclinaba un poco hacía delante- que tienes buen gusto.

-          Bueno –respondí sonrojándome-, me gustan los postres, pero soy más de cosas saladas.

-          Me refería al libro –hizo una pausa-, pero si, algún día tendré que probar la Red Velvet si dices que esta tan buena.

-          Si –levante un poco el libro para mostrar la portada-.

-          “Por tu corazón, luchare hasta contra un dragón” –leyó ella-.

-          Es de Maprenufo, un escritor que me fascina.

-          Me lo he leído varias veces, es muy bonito. ¿Por dónde te llegas?

-          Pues –trague saliva-, por cuando el prota va a enfrentarse al dragón.

-          Ah, pues no te cuento nada, pero seguro que lo que sigue te sorprenderá.

-          Conociendo como escribe este autor –dije sonriendo-, seguro que sí.

-          En agradecimiento por el trozo de tarta que me has cedido, el viernes sale el nuevo libro que ha escrito, se llama “La Princesa Anabel”. Y el sábado, en la librería que está un poco más delante de esta calle estará Maprenufo firmando libros.

-          Muchas gracias –respondí con cara de felicidad-.

-          Bueno, te dejo que sigas con el libro. Buenas tardes.

Y sin poder decir más que un:

-          Hasta luego.

Se marcho de allí y me dejo con las ganas de seguir charlando con ella.

 

Es sábado por la mañana y cuando llego a la librería que la chica de pelo azul me indico, veo que ya hay cola para la firma del nuevo libro.

Me pongo detrás del último chico, cuando me doy cuenta del enorme cartel que está a la entrada, mostrando la portada de “La Princesa Anabel”. Me acerco a verla de cerca un momento, es cautivadora, se ve el titulo y debajo a una chica vestida elegantemente de rosa y blanco y tras ella una sombra. Pero no es una sombra, es un hombre embutido en una armadura gris ceniza que está de espaldas y se ve su cara de perfil, aunque solo se distingue, bajo la máscara que porta, un destello de una mirada bermellón.


Salí de mi fascinación, desde luego tenía ganas de leer el libro y saber que pasaría. Pero cuando volví a la fila, una chica de pelo azul ocupaba ya mi puesto.

-          Vaya, primero me robas mi tarta y ahora mi puesto en la cola.

Se gira y me mira mezcla de sorpresa y curiosidad por saber quien la habla. Y tras reconocerme me dice:

-          Si no estás rápido, te lo quitan.

-          Espero entonces –replico- que al menos me dejes coger el nuevo libro.

-          Podría ser –responde sonriendo-, pero no te acostumbres.

Nos ponemos a hablar, al principio de tonterías, de cómo nos dio por ir a comer tarta. Luego vamos comentando más nuestros gustos sobre postres, hasta que acabamos hablando del libro que leía cuando nos conocimos.

Creo que la hora y media que estuvimos en la cola fue casi totalmente monopolizada por la conversación sobre el libro “Por tu corazón, luchare hasta contra un dragón”. Ella me indicaba ciertas cosas que solo quien se ha leído el libro más de una vez notaría. Como la gentileza que siempre tiene el protagonista y su idea de que matar, aún en un mundo tan duro, es siempre la última opción.

Llego el momento de que a ella la firme el libro Maprenufo, y, sin querer, bueno, lo cierto es que con ganas de oírlo, la dedicatoria la escribe a nombre de Eva.

Firma mi ejemplar y tras admirarlo brevemente, me doy la vuelta y no la veo. Justo ahora que ya sabía su nombre. Supongo que mi cara reflejara el cambio de la alegría a la decepción de perderla por segunda vez.

-          Fíjate –dice una voz a mi espalda-, no tienen el libro de “Reflexiones del autor a través de la historia” de Maprenufo.

-          Vaya –digo intentando esconder mi emoción porque aún pueda hablar con ella-. Tengo una copia en casa si quieres leerlo.

-          ¿Ese es tu gancho para ligar? –me mira inquisitiva-

-          No, o sea, que yo te dejo el libro –trato de no tartamudear-.

-          Era broma, si me lo he leído varias veces, pero quería tenerle y de paso ver si me lo firmaba.

Seguimos un rato hablando de libros mientras recorremos la librería. Por fin salimos al exterior y me decido a no dejar que sea una despedida.

-          ¿Quieres ir a tomar un café y probar la tarta?

-          No puedo –me responde mientras contengo el aliento-, he quedado a comer y voy justa de tiempo.

-          ¿Cenar? ¿Hoy? –solo espero que suene con más confianza de la que creo-

-          ¿Con un desconocido? –se retira un poco-

-          Habrá tarta Red Velvet. –guiño un ojo-

-          Entonces si. –asiente riendo-

Tras quedar en la hora y el lugar del encuentro, sigue su camino y yo el mío. Nunca me he considerado impulsivo, pero algo dentro de mí me animaba a no dejar escapar la oportunidad de conocer más a Eva.

 

Llega la noche y me dirijo al punto de encuentro. Se me pasan muchos pensamientos, muchos. ¿Tendrá pareja? ¿Estará interesada en mí como yo en ella? ¿Que pensara de mi? Pero solo una cosa me martillea la cabeza, que no se me note tan nervioso como me ha parecido estar por la mañana.

 

Nos encontramos en la puerta del restaurante. Un tímido saludo dándonos dos besos parece que me tranquiliza, al menos no soy el único que está nervioso. Eva lleva un precioso vestido verde con escote palabra de honor y un bolso de lentejuelas color rosa palo. A penas me detengo a admirar sus curvas, pues sus ojos marrones como la miel me atraen enseguida.

Entramos por fin y nos sientan en una mesa cerca de la ventana. Sin tener ni idea como, empezamos a hablar del tiempo, de las aficiones y como no, de lo que nos trajo aquí, una tarta de queso y un libro.

Ella me agradece el detalle de la tarta, aunque la respondo que gracias a ella, que la mía estaba mucho mejor, seguro. Entre risas, me comenta que eso habrá que verlo.

Pasamos la cena comentando “Por tu corazón, luchare hasta contra un dragón” y las partes más inesperadas, como la pelea del prota contra el dragón. Me puedo imaginar esos momentos, esa sensación del combate y se me ponen los pelos de punta. Eva dice que el final es lo mejor de todo, cuando la princesa está a punto de casarse con otro, porque ese momento la muestra como alguien que busca el beneficio de su pueblo antes de su propia felicidad.

Por fin llegan los postres y por supuesto, pedimos la famosa Red Velvet.

Mientras yo hablo del postre y voy comiéndolo despacio, ella disfruta de esta nueva experiencia. No sé porque, comento que me parece muy sexy la tarta, por su ligero dulzor, que tiene un fondo algo agrio, y por llamarse Terciopelo Rojo.

-          ¿Y sabes que es sexy? –se muerde el labio después de la pregunta- Robarte el último cacho.

-          No –intencionadamente lento, trato de evitar que me robe lo que queda-.

-          Si no estás rápido, te lo quitan –dice antes de comérselo-.

Pongo cara de descontento y ella se acerca a mí para regodearse en que se ha llevado el último trozo.

-          Aún queda un poco –señalo la comisura de sus labios-.

-          ¿Dónde?

Me acerco el poco espacio que nos separa y beso sus labios, donde aún quedaba un poco de tarta.

Después de retirarme me quedo esperando un gesto, un bofetón o alguna reacción. Y entonces me encuentro mirando esos ojos marrones que se acercan a mí para volver a besarnos.

viernes, 22 de enero de 2021

Cíborg 2.0 (Parte II)

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Unos días después, mientras David está calentando antes de un partido con sus amigos.

-          Oye David –le comenta Carlos-, he leído que tu ojo cibernético puede calcular la caída de objetos y su punto de destino, así como darte la trayectoria para lanzarlos.

-          Si –responde mientras sigue haciendo ejercicios de estiramientos-, viene con esas funciones para el trabajo y sirve de respuesta para poder recoger objetos que te lancen y cosas así de molonas.

-          Pero si juegas con eso, ¿no es hacer trampas? O sea, si puedes ver las trayectorias del balón y todo eso.

-          Jajaja, no Carlos, en modo deporte esas funciones se quitan para jugar limpiamente. Por eso los deportistas con cibernética pueden jugar en igualdad, gracias a ese modo. Si no un partido sería injusto si se enfrentasen jugadores con cibernética contra otros que no.

-          Anda, pero ¿puedes elegir el modo?

-          Solo para deportes –comenta sonriente David-. El modo normal te ayuda a no sufrir daños o lesiones, pero cuando haces deporte se desconecta la visualización y se ajusta la fuerza que puedes emplear para adecuarse al resto de tu cuerpo. Si no tendría un brazo derecho que parecería como el de Alberto de tantas pajas que se hace.

-          Eeeehh –responde Alberto-, para una vez que no me meto con vosotros me llevo la collejita.

-          Pero –cizaña Carlos-, si sabes más de porno que los dueños de pornhub.

Todos ríen mientras Alberto le enseña un dedo nada sutil a Carlos.

 

Cuando acaban el partido, se duchan y se van a tomar algo a un barestation cercano.

-          Nos pones cuatro cervodkas y unas tapas –pide Alberto a la camarera-.

-          Joder David –dice Carlos-, pero ¿tú no estás cansado?

-          Ventaja de tener un pulmón más efectivo –responde mientras se señala el costado derecho-.

-          El próximo al que atropellen que sea a mí para mejorar los pequeños fallos que tengo –salta Pedro-.

-          Pues tendrían que cambiarte todo el cuerpo –inquiere Alberto-, porque no hay nada salvable en ti.

Todos se echan a reír.

-          Mi mejor parte –añade Pedro después de las risas- es mi cerebro, que es una joya.

-          Si –esta vez apuntilla David-, porque lo tienes nuevo de no usarlo.

Todos sueltan una carcajada.

-          Oye –susurra Carlos al oído de David-, espero que no te moleste tanta pregunta sobre tú… situación.

-          No te preocupes Carlos, de veras. Entiendo que es algo extraño para vosotros, lo fue para mí. Pero hablar de ello me ayuda a que yo también lo sienta parte de mi, como el resto de mi cuerpo.

-          Eres un crack David. Un brindis –grita Carlos-, por David, que pese a poder hacer trampas al jugar, sigue perdiendo como siempre.

Todos se ríen.

-          Eh –grita David-, que en mi equipo había más gente.

-          Y todos tan torpes como tú –remata Alberto-.

Todos vuelven a reír. Y continúan con el postpartido mientras beben y bromean.

Cuando por fin se separan para ir a casa, todos se despiden con abrazos y puyitas entre ellos.

 

David se encamina a su casa. Enciende sus voxinternum y se pone a escuchar música, mientras recorre andando el camino de vuelta a su piso.

Después del accidente empezó a andar más y a disfrutar de estos paseos. Ver el paisaje, la gente, oír la música al compás que iba tranquilamente, sin prisa, sin agobios. Lo cierto es que la vida era maravillosa.

Muchas veces piensa que no solo salvo la vida de aquel niño ese día, sino, que en cierta forma, también salvo la suya propia, pues ahora aprecia muchas cosas que antes daba por hecho.

Antes pensaba en el dinero, tener cosas caras, ahorrar para viajes superexóticos. Y después del accidente, aprendió que lo que más quería hacer era abrazar a su familia, charlar distendidamente con sus amigos y jugar, jugar al B3P. Eran las cosas sencillas las que realmente le colmaban de felicidad.

Según iba andando un fuerte estruendo le saca de sus pensamientos. A unos cuarenta metros ve que una cornisa que está en obras, está a punto de desprenderse. La gente debajo empieza a retirarse rápidamente de la zona. Pero a una chica se la queda atrapado el pie por uno de los primeros cascotes y se cae al suelo.

 

5,450 seg

Sin dudarlo ni un segundo David sale corriendo, su ojo ya le está indicando que la cornisa impactara contra el suelo en 5,45 segundos. Se esfuerza en llegar lo más rápido que puede.

5,000 seg

Su ojo vuelve a mostrarle que su tiempo de llegada a la chica será 0.957 segundos antes de que impacte la cornisa.

4,500 seg

Entonces todo su cuerpo deja de correr y comienza a pararse.

4,000 seg

No entiende que pasa. Lo primero que piensa es que algo se ha averiado dentro de él. Y entonces aparece en la pantalla.

 

3,500 seg

45% de probabilidades de salvar ilesa a la mujer.

78,2% de probabilidades de sufrir heridas mortales.

Autopreservación, no intervenir, riesgo no aceptable.

3,000 seg

No se lo puede creer, su parte maquina no le deja ayudar por ser demasiado arriesgado.

2,000 seg

Ve como la cornisa se desprende totalmente y se precipita. Baja la mirada y ve a la chica que lucha por conseguir sacar su pie del atrapamiento.

1,000 seg

No puede apartar la vista de ella. La ve luchar por salir de ese horroroso final.

Siente un profundo desasosiego al no poder hacer nada mientras todo pasa.

0,000 seg

Mientras todo el mundo aparta la mirada, David quiere grabar en su memoria todo lo que sucede, como el cuerpo de la muchacha recibe el impacto de la cornisa y sus órganos y fluidos internos son aplastados y esparcidos por el suelo.

Sabe que esa imagen le acompañara en sus pesadillas, pero es la penitencia por no haberla salvado.

 

Llega a casa, desconsolado, se sienta en silencio y mira su mano robótica. Por primera vez piensa en que si que perdió algo en aquel accidente, su libre albedrío.