Un edificio de cristal, en mitad de una zona verde, se alza dentro de la gran ciudad anteriormente conocida como Valladolid. En 2078 se la conoce como la
Urbe Nue-VA11 19 00 116
Un cartel en la puerta anuncia al
visitante que entra en el Centro Social de Integración 33 19.
Subimos hasta la 15ª planta, donde
se está produciendo una reunión. Todas las personas se encuentran sentadas
formando un circulo y aparte de las sillas, comparten algo más en común, todas
tienen implantes cibernéticos en su cuerpo, en mayor o menor medida.
-
Hola, me llamo David 630943.
Comienza a relatar como fue el
accidente que hace 1 año lo mando al hospital.
Era una tarde que se dirigía a
jugar al balonppp (o B3P), cuando al llegar al otro lado de un paso de cebra
escucho a una madre gritar.
Se giro y vio como un niño de unos
cuatro años estaba cruzando la carretera tras su pelotita con el semáforo en
rojo para los peatones. Un camión se aproximaba veloz a su posición y por la
altura del niño, su radar antitranseúntes no lo había detectado.
Sin pensarlo dos veces fue
corriendo a socorrer al niño antes de que lo arroyase.
Llego a tiempo de apartarlo de la
trayectoria del vehículo, pero él no tuvo tanta suerte.
Luego le contaron que gracias al
sistema de radar del camión autopilotado, freno algo antes de golpearlo, sino,
habría muerto al instante.
Pero, en ese momento, no se
consideraba afortunado. El impacto le había destrozado todo el costado derecho,
machacando y pulverizando casi todos los huesos de su pierna y brazo, llegando
a romper su cadera y su hombro derecho.
Y eso era solo lo agradable. Sus
costillas al romperse le perforaron el pulmón. Los médicos comentaban que si
hubiera sido del lado izquierdo, sus propios huesos se habrían clavado en el
corazón.
Quizá esto pareciese suficiente,
más aún había una última cosa. Su cabeza. Parcialmente aplastada, parte de su
cerebro quedo dañado y su cráneo deformado.
Mientras narra esto, varios de los
oyentes no pueden contener las lagrimas, muchos solo han sufrido una pequeña
parte de ese dolor y no pueden ni imaginar lo que podría haber sido eso.
Pero David sigue con su historia
con una sonrisa en la cara.
Cuenta que le dijeron a su
familia, que los dolores, que los daños, no eran algo que el cuerpo humano
pudiera soportar. Si querían que sobreviviese, tenían que implantarle casi
medio cuerpo cibernético.
Se para durante un momento para
señalar los diversos implantes que tiene. Y empieza a enumerarlos.
-
Brazo, pierna, mano y pie, aleación de
fibra de Carbono60 y titanio con fibraeslastina. Junto a un hombro y una cadera
de polímero de tiedamina, me permiten volver a tener la misma movilidad, y algo
más de fuerza (dice mientras ríe).
-
Costillas derechas de polímero de
tiedamina unidas con fibraeslastina y un pulmón inteligente de gelestancia
reductante, que hasta puedo aguantar la respiración tres minutos y me filtra la
mitad del aire que inhalo, impidiendo que mi cuerpo se coma mas polución.
-
Riñón derecho sintético y con mí firma
genética, que procesa más rápido la sangre, dejando a mí riñón de fabrica la
mitad de carga que cuando tenía ambos.
-
Y por último, la azotea. Microhalo de
titanio y mitad del cráneo del mismo elemento para dar solidez a mi maltrecha
cabeza. Dentro, por supuesto, dos terceras partes de mi cerebro ahora son un
ordenador cuántico de serie 7. Por suerte lograron salvar los conocimientos
almacenados antes de que parte de mi cerebro muriese y me fue más fácil
recuperar mi vida. Con un ojo de óptica WalterPP7 con funciones de control
holográfico y respuesta de 0,0001 milisegundos.
Continua con su historia,
comentando que tardaron casi tres meses de operaciones y de tenerlo en estado
de coma la mayor parte de ese tiempo. Comentaron sus médicos que de otra forma,
el dolor podría haber hecho que entrara en shock su cuerpo y acabará muriendo.
-
Realmente (se para un momento a beber
agua), doy gracias porque apenas tengo vagos recuerdos de ese tiempo. Aunque lo
siento por mi familia, que no podía comunicarse conmigo.
Narra cómo lo más duro, fue el
despertar, tener todo eso artificial y no entender esa sensación de frío.
-
Al fin y al cabo, el tacto de piel, la
suavidad, el calor, es todo artificial, tú cerebro sabe que algo falta ahí,
aunque al mirar parezca que no.
Le contaron los médicos que tenía
que acostumbrarse a esas sensaciones, que era como cuando uno se quema y pierde
la sensibilidad en esa zona. Pero luego el tejido se regenera y vuelve a sentir
poco a poco otra vez.
Solo que este caso es diferente,
las sensaciones no son iguales y es algo que tendría que ir asumiendo y
acostumbrándose.
-
Por ejemplo el ojo. Puedo ver mensajes
directamente en mi ojo, como si tuviera la pantalla receptiva que lleváis
vosotros, pero por dentro.
Cuenta varias anécdotas de cómo volvió
a su día a día de nuevo y como ha mejorado su calidad de vida, pues ahora puede
hacer cosas mejor que antes.
-
David -interrumpe la que lleva la
reunión-, ¿entonces tú te sientes mejor?
-
Sí, lo cierto es que sí.
-
¿Pero no es una puta mierda ser mitad
maquina? -Inquiere un hombre con una pierna cibernética- ¿No te hace sentir
como que ya no eres tú mismo?
-
Te puedo decir que salve la vida de un
niño. Y en circunstancias normales habría pagado con mi vida ese gesto. Y, en
cambio, gracias a la ciencia, hoy estoy aquí entre vosotros. Puedo trabajar de
nuevo, puedo volver a jugar a B3P y la verdad, es que todavía ni me lo puedo
creer.
-
Muchas gracias David por tu testimonio
–dice la que lleva la reunión-. Un fuerte aplauso para él por compartir su
historia y por enseñarnos que tener partes artificiales no te hace dejar de ser
quien eras antes.
Todos se ponen a aplaudir.
Cuando acaban los aplausos, cierran
la sesión de hoy, invitando a todos a que vuelvan el siguiente día y que vean
en el día a día como sus partes cibernéticas les ayudan a mantener sus vidas.
Poco a poco se van despidiendo unos
de otros. Algunos se marchan en silencio pensando, quizá en el atisbo de luz
que ha supuesto la historia de David.
Otros en cambio prefieren acercarse
a él y hablar un rato con un hombre que pese a ser más maquina que persona, se
nota una calidez en sus palabras y en sus actos, que de no saber su historia,
pensarías que es un hombre corriente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario