viernes, 12 de febrero de 2021

El roce de tu piel (Parte II)

No sé en qué momento, pero pagamos la cuenta y salimos del restaurante. Damos una vuelta por la ciudad, parando muchas veces a desatar esa pasión que se siente cuando el destino te pone a la persona deseada en tu camino.

Entre risas, besos y distintas conversaciones, surge una duda. Eva me pregunta cual es una de mis partes preferidas de los libros que he leído. No sé si inspirado por el momento, o simplemente por la casualidad, le recito una de las que salen en “Reflexiones del autor a través de la historia”:

-          Busco a alguien que aprecie mi poesía, mi cercanía, mi fragancia, mi ironía. Alguien que se despierte cada día y que me diga esta boca es mía.
Sin farándulas ni adornos, sin tormentos y con porno.
Quizá que el viento me arrastre y yo a ella también, a la cama o al fin del mundo, da igual donde caer…


Un beso lleno de pasión detiene mi recital. Cuando para, me mira, se muerde un poco el labio y me agarra de la mano para arrastrarme a seguirla.

Sin saber a dónde vamos, solo me dejo llevar. Me pongo a su altura, la agarro de la cintura y andamos, esta vez, con cierta prisa.

Finalmente llegamos a un portal, Eva se para delante y saca unas llaves del bolso. Abre la puerta y como leyendo mi cara de duda, me arrastra dentro.

Subimos las escaleras y tras abrir la puerta, entramos en su apartamento.

La agarro de la cintura y nos comenzamos a besar lentamente. La abrazo y la pego más a mí. Así de cerca nos vamos hacía su habitación. Los zapatos se quedan por el camino.

Antes de entrar mi mano baja hasta su culo y la otra mano sube a su cuello mientras continuo besándola y jugando con su lengua. Su boca se mueve a morderme la oreja, mientras me susurra que pensaba que no quería tocarla y su mano va a tocar también mi trasero.

Me quito la camiseta según entramos en la habitación. Eva se para un momento, admira mi pecho y pone sus manos sobre él, recorre mi torso y se detiene en mis abdominales. Levanta la mirada, y sus ojos se clavan en los míos, se vuelve a morder el labio y la pregunto si quiere que sigamos. Solamente mueve su cabeza asintiendo.

Volvemos a besarnos, vuelvo a agarrar su cintura y la pego a mí. Mi boca empieza a besarla cerca de los labios, va hasta su oreja y baja por su cuello, chupándolo y lamiéndolo. Unos suaves “ummm” me confirman que voy por el buen camino.

Llego a sus hombros desnudos y sigo recorriéndolos con mi boca y mi lengua. Desciendo hasta su escote y vuelvo a subir por su cuello hasta encontrar otra vez sus labios.

Mi mano sigue manteniendo su cintura pegada a la mía  para que note como algo va creciendo a la altura de mi pelvis. La otra mano comienza a pasar por encima de su vestido, notando el sujetador que aprisiona sus pechos.

Sus manos buscan la cremallera de su vestido, así que las mías van a ayudarlas. Encuentro el principio y comienzo a bajar suavemente la cremallera. Ella decide usar sus manos en bajar otra cremallera y soltar el botón de mi cintura.

Ambos dejamos que caiga la ropa. Aprovecho ese momento para admirar su cuerpo, un sujetador sin tirantes aun oculta sus pechos, un tanga brasileño realza su culo y un tatuaje en el lado izquierdo, justo por encima de su cintura es lo único que cubre su piel ahora mismo.

Nos juntamos, piel contra piel. La rodeo con mi brazo, a la vez que mi otra mano busca en su espalda el cierre del sujetador y se dispone a abrirlo. Nuestras lenguas juegan, a la vez que sus manos recorren mi espalda.

La penúltima prenda cae de su cuerpo, librando por fin sus tetas. Sin esperar, la mano que las libero se mueve hacia delante, y desde abajo comienza a acariciarlas suavemente. Mi boca desciende por el cuello, besando, chupando, lamiendo. Y continúa bajando hasta llegar al canalillo.

Entre sus senos, mi lengua comienza a trazar el contorno de su pecho. Luego llega mi boca para besar otra vez el mismo recorrido, subiendo poco a poco y cerrando el círculo entorno a su pezón.

Mi mano sigue en el otro pecho, acariciándolo suave, pero sin llegar a su pezón. Mi otra mano baja a su cachete y tras acariciarlo lo aprieta acercando nuevamente su cuerpo a mí.

Por fin mi boca llega a su pezón, besándolo, lamiéndolo, chupándolo, mientras noto como causa efecto, endureciéndose por las atenciones prestadas. Su boca muerde mi cuello y cuando está totalmente duro el pezón, subo hasta sus labios y vuelvo a bajar al otro pecho para repetir los movimientos.

Tras acabar de excitar sus pechos, Eva se retira de mí y se acuesta en la cama. Me llama con las manos y abre las piernas para recibirme. Subo a la cama y me pongo encima suyo. Comienzo a besarla suavemente, noto el calor de su cuerpo, su excitación.

Desciendo otra vez hacía sus tetas. Me deleito en cada centímetro de su piel que lamo según voy bajando hacia su pecho. Apoyo una mano en su cadera y en mi otro brazo apoyo el peso de mi cuerpo.

Tras jugar con sus pezones y mantenerlos duros a base de lametones y chupándolos suavemente, continuo mi camino hacia el sur de su cuerpo.

Me entretengo en su vientre, acercándome poco a poco a sus caderas y volviendo a subir, para luego bajar otro poco más, hasta llegar al límite que pone su ropa interior.

Uso mi lengua para bajar un poco la goma del tanga y entrar en su monte de Venus. Eva comienza a mover las caderas, intentando ayudar a que mi lengua pueda bajar más.

Sin previo aviso, levanto la cabeza y bajo hasta su rodilla. Comienzo a besarla mientras asciendo por su pierna. Al llegar casi a la ingle paso a la otra rodilla y vuelvo a subir nuevamente. En el siguiente salto comienzo a besar por el interior del muslo y cuando estoy cerca de su entrepierna, paso al otro muslo. Ascendiendo con mis besos, cuando voy a llegar a su sexo aún tapado, vuelvo a bajar.

Nuevamente en su rodilla, asciendo por el interior de su muslo lamiendo todo el recorrido hasta llegar al punto donde su pierna pierde su púdico nombre. Paso a la otra pierna y repito el camino con mi lengua. Tras un par de veces de recorrer así sus piernas, finalmente cuando estoy a punto de llegar a su tanga, Eva agarra mi cabeza y la aprieta contra su sexo.

Comienzo a besar suavemente la tela que representa la última frontera, haciéndolo cada vez más fuerte, notando como según presiono más, ella más intranquila esta. Tras un tiempo así, Eva se retira de golpe, dejando el hueco justo para quitarse el tanga y volver a atraparme entre sus piernas y mostrando por fin su sexo desnudo.

Me aproximo y comienzo a besar sus labios inferiores. Noto su humedad. Y en ese momento mi lengua decide explorar y toca suavemente su clítoris. Apenas una caricia, pero el cuerpo de Eva se mueve. Sigo besando y vuelve mi lengua a contactar con su clítoris, esta vez aguanto un rato más y con un poco mas de presión.

Después de repetirlo unas cuantas veces, mi lengua ya no se separa del clítoris, y lo lamo continuamente, arriba y abajo, intercambiando pasadas largas y lentas, con rápidas e intensas.

Eva agarra mi cabeza y mueve las caderas en un ritmo cada vez más rápido. Tras un rato, escucho su respiración entrecortada y sus movimientos se hacen más bruscos. Empieza a temblar y a gemir mientras está llegando al clímax. Me aplico todavía más con mi lengua, hasta que finalmente explota en un orgasmo.

Levanto la cabeza de entre sus piernas y veo su cuerpo sudoroso. Me mira fijamente y con sus manos me llama para que suba hacia ella. Pero mi respuesta es volver a meter mi cara entre sus muslos.

Esta vez mi lengua se dirige entre sus labios y se mete entre ellos hasta llegar a la entrada de su coño. Esta totalmente empapada y pruebo su sabor con cada lamida que hago.

Voy aumentando el ritmo de mi lengua, como si estuviera devorando un helado que se está derritiendo, moviéndola para no perder nada y llegar tan lejos como pueda. Mis manos agarran sus caderas.

Ella abre las piernas todo lo que puede, mientras mi cabeza sigue hundida entre medias. No sé ni cuánto tiempo llevo lamiéndola, moviendo mi lengua dentro de su coño, disfrutando de cómo lubrica y vuelve a moverse bruscamente. Los gemidos ya anuncian que se acerca otro orgasmo, sin parar el ritmo, y presionando sus caderas me esfuerzo en que vuelva a llegar al clímax.

Su respiración contenida, la tensión del cuerpo y los gritos de placer anuncian que ya llego a correrse.

Paro unos instantes y cuando parece que se relaja otra vez, introduzco un dedo en Eva, que por el gemido que da, no se lo esperaba. Mi lengua vuelve a lamer el clítoris a la vez que mi dedo comienza a entrar y salir de su humedad.

Ella no puede articular palabras, solo sonidos de placer. El dedo juguetea dentro de ella, y mi lengua sigue trabajando tal y como había hecho antes, solo que no es un helado lo que esta lamiendo con tantas ganas.

El reciente orgasmo la ha dejado tan excitada que al poco ya vuelve a estar cerca de correrse. El dedo entra un poco y sale, y luego un poco más y vuelve a salir, y luego todo lo que puede y vuelve a salir y entrar un poco solamente. Ese ritmo y la presión en su clítoris logran que vuelva a llegar al clímax, solo que esta vez más fuerte y ruidosamente.

Eva se recompone, yo levanto la cabeza sonriente. Cuando coge aire, se incorpora y me comienza a bajar los calzoncillos. Me incorporo un poco para quitármelos y vuelvo a colocarme entre sus piernas.

La beso nuevamente mientras noto sus piernas rodeándome y empujando mi culo para empiece a penetrarla.

Me aproximo a ella, sigo besándola, bajo la cintura hasta que nuestros sexos están a punto de tocarse. Y…

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