Era una tarde otoñal, las hojas caían de los arboles, el viento soplaba y empezaba a sentir el frio mientras estaba en la sombra. El sol aún aparecía tímidamente y los cálidos rayos se filtraban entre las nubes.
Pensé en que era un buen momento
para entrar en un bar y tomar un descanso del paseo. Lo cierto es que me entro
el momento goloso al pensar en la tarta que sirven en la cafetería que hace
esquina en las calles peatonales del centro.
Estaba cerca, así que me encamine
hacía allí con paso tranquilo, mientras escuchaba la música por los
auriculares. En uno de esos azares del destino, comenzó a sonar “Siempre es de
noche” de Alejandro Sanz y me recordó que podría seguir leyendo el libro con el
que estaba mientras comía la tarta.
Entre y un soplo de aire caliente
me devolvió a la realidad, desconecte los cascos y me dirigí a la barra. La camarera (una de las que había
tras el largo mostrador) me pregunto que deseaba, mi respuesta instantánea fue
un cacao y mis ojos recorrieron rápidamente la fila de tartas que se hallaban
frente a mí, sin saber que escoger, finalmente pregunte de que era la cobertura
de la tarta de queso. Ella me dijo que de frutos rojos.
-
Dame de esa tarta –dijo una chica de
pelo azul al otro extremo de la barra a la vez que yo-.
Ambos señalábamos el mismo pedazo,
el último pedazo. Las camareras, viéndose en un apuro nos aclararon que
realmente solo quedaba ese trozo de tarta de queso con frutos rojos.
-
Para ti –ambos nos copiamos nuevamente-.
-
No, cógelo tú –me indico ella-.
-
No te preocupes –sonreí-, estaba en duda
entre esa y la Red Velvet y ahora está claro cual escoger.
Ella se mostro agradecida y cada
uno cogimos nuestro pedido y nos fuimos a buscar un sitio vacío, ella se sentó
en una mesa alta y yo fui a una mesa junto a la ventana.
Pronto me embarque en mi libro
mientras tomaba la deliciosa tarta.
Tan absorto estaba leyendo que me
sorprendió una voz femenina que me dijo suavemente:
-
Muchas gracias por cederme el trozo de
tarta, estaba muy rico. Espero que el tuyo también lo estuviese.
-
Ah –aterrice en la realidad-, si, por
supuesto, estaba muy rica. Y no tienes porque darme las gracias, ambas opciones
me encantan.
-
Veo –dijo mientras se inclinaba un poco
hacía delante- que tienes buen gusto.
-
Bueno –respondí sonrojándome-, me gustan
los postres, pero soy más de cosas saladas.
-
Me refería al libro –hizo una pausa-,
pero si, algún día tendré que probar la Red Velvet si dices que esta tan buena.
-
Si –levante un poco el libro para
mostrar la portada-.
-
“Por tu corazón, luchare hasta contra un
dragón” –leyó ella-.
-
Es de Maprenufo, un escritor que me fascina.
-
Me lo he leído varias veces, es muy
bonito. ¿Por dónde te llegas?
-
Pues –trague saliva-, por cuando el
prota va a enfrentarse al dragón.
-
Ah, pues no te cuento nada, pero seguro
que lo que sigue te sorprenderá.
-
Conociendo como escribe este autor –dije
sonriendo-, seguro que sí.
-
En agradecimiento por el trozo de tarta
que me has cedido, el viernes sale el nuevo libro que ha escrito, se llama “La
Princesa Anabel”. Y el sábado, en la librería que está un poco más delante de
esta calle estará Maprenufo firmando libros.
-
Muchas gracias –respondí con cara de
felicidad-.
- Bueno, te dejo que sigas con el libro. Buenas tardes.
Y sin poder decir más que un:
- Hasta luego.
Se marcho de allí y me dejo con las ganas de seguir charlando con ella.
Es sábado por la mañana y cuando
llego a la librería que la chica de pelo azul me indico, veo que ya hay cola
para la firma del nuevo libro.
Me pongo detrás del último chico,
cuando me doy cuenta del enorme cartel que está a la entrada, mostrando la
portada de “La Princesa Anabel”. Me acerco a verla de cerca un momento, es
cautivadora, se ve el titulo y debajo a una chica vestida elegantemente de rosa
y blanco y tras ella una sombra. Pero no es una sombra, es un hombre embutido
en una armadura gris ceniza que está de espaldas y se ve su cara de perfil,
aunque solo se distingue, bajo la máscara que porta, un destello de una mirada bermellón.
Salí de mi fascinación, desde luego
tenía ganas de leer el libro y saber que pasaría. Pero cuando volví a la fila,
una chica de pelo azul ocupaba ya mi puesto.
-
Vaya, primero me robas mi tarta y ahora
mi puesto en la cola.
Se gira y me mira mezcla de
sorpresa y curiosidad por saber quien la habla. Y tras reconocerme me dice:
-
Si no estás rápido, te lo quitan.
-
Espero entonces –replico- que al menos
me dejes coger el nuevo libro.
-
Podría ser –responde sonriendo-, pero no
te acostumbres.
Nos ponemos a hablar, al principio de tonterías, de cómo nos dio por ir a comer tarta. Luego vamos comentando más nuestros gustos sobre postres, hasta que acabamos hablando del libro que leía cuando nos conocimos.
Creo que la hora y media que
estuvimos en la cola fue casi totalmente monopolizada por la conversación sobre
el libro “Por tu corazón, luchare hasta contra un dragón”. Ella me indicaba
ciertas cosas que solo quien se ha leído el libro más de una vez notaría. Como
la gentileza que siempre tiene el protagonista y su idea de que matar, aún en
un mundo tan duro, es siempre la última opción.
Llego el momento de que a ella la
firme el libro Maprenufo, y, sin querer, bueno, lo cierto es que con ganas de
oírlo, la dedicatoria la escribe a nombre de Eva.
Firma mi ejemplar y tras admirarlo
brevemente, me doy la vuelta y no la veo. Justo ahora que ya sabía su nombre.
Supongo que mi cara reflejara el cambio de la alegría a la decepción de
perderla por segunda vez.
-
Fíjate –dice una voz a mi espalda-, no
tienen el libro de “Reflexiones del autor a través de la historia” de
Maprenufo.
-
Vaya –digo intentando esconder mi
emoción porque aún pueda hablar con ella-. Tengo una copia en casa si quieres
leerlo.
-
¿Ese es tu gancho para ligar? –me mira
inquisitiva-
-
No, o sea, que yo te dejo el libro
–trato de no tartamudear-.
-
Era broma, si me lo he leído varias
veces, pero quería tenerle y de paso ver si me lo firmaba.
Seguimos un rato hablando de libros
mientras recorremos la librería. Por fin salimos al exterior y me decido a no
dejar que sea una despedida.
-
¿Quieres ir a tomar un café y probar la
tarta?
-
No puedo –me responde mientras contengo
el aliento-, he quedado a comer y voy justa de tiempo.
-
¿Cenar? ¿Hoy? –solo espero que suene con
más confianza de la que creo-
-
¿Con un desconocido? –se retira un poco-
-
Habrá tarta Red Velvet. –guiño un ojo-
-
Entonces si. –asiente riendo-
Tras quedar en la hora y el lugar del encuentro, sigue su camino y yo el mío. Nunca me he considerado impulsivo, pero algo dentro de mí me animaba a no dejar escapar la oportunidad de conocer más a Eva.
Llega la noche y me dirijo al punto
de encuentro. Se me pasan muchos pensamientos, muchos. ¿Tendrá pareja? ¿Estará
interesada en mí como yo en ella? ¿Que pensara de mi? Pero solo una cosa me
martillea la cabeza, que no se me note tan nervioso como me ha parecido estar
por la mañana.
Nos encontramos en la puerta del
restaurante. Un tímido saludo dándonos dos besos parece que me tranquiliza, al
menos no soy el único que está nervioso. Eva lleva un precioso vestido verde
con escote palabra de honor y un bolso de lentejuelas color rosa palo. A penas
me detengo a admirar sus curvas, pues sus ojos marrones como la miel me atraen
enseguida.
Entramos por fin y nos sientan en
una mesa cerca de la ventana. Sin tener ni idea como, empezamos a hablar del
tiempo, de las aficiones y como no, de lo que nos trajo aquí, una tarta de
queso y un libro.
Ella me agradece el detalle de la
tarta, aunque la respondo que gracias a ella, que la mía estaba mucho mejor,
seguro. Entre risas, me comenta que eso habrá que verlo.
Pasamos la cena comentando “Por tu
corazón, luchare hasta contra un dragón” y las partes más inesperadas, como la
pelea del prota contra el dragón. Me puedo imaginar esos momentos, esa
sensación del combate y se me ponen los pelos de punta. Eva dice que el final
es lo mejor de todo, cuando la princesa está a punto de casarse con otro,
porque ese momento la muestra como alguien que busca el beneficio de su pueblo
antes de su propia felicidad.
Por fin llegan los postres y por
supuesto, pedimos la famosa Red Velvet.
Mientras yo hablo del postre y voy
comiéndolo despacio, ella disfruta de esta nueva experiencia. No sé porque,
comento que me parece muy sexy la tarta, por su ligero dulzor, que tiene un
fondo algo agrio, y por llamarse Terciopelo Rojo.
-
¿Y sabes que es sexy? –se muerde el
labio después de la pregunta- Robarte el último cacho.
-
No –intencionadamente lento, trato de
evitar que me robe lo que queda-.
-
Si no estás rápido, te lo quitan –dice
antes de comérselo-.
Pongo cara de descontento y ella se
acerca a mí para regodearse en que se ha llevado el último trozo.
-
Aún queda un poco –señalo la comisura de
sus labios-.
-
¿Dónde?
Me acerco el poco espacio que nos
separa y beso sus labios, donde aún quedaba un poco de tarta.
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